Las armas químicas utilizan las propiedades tóxicas de sustancias químicas para matar, herir o incapacitar.
El armamento químico se diferencia de las armas convencionales o armas nucleares porque sus efectos destructivos no se deben principalmente a una fuerza explosiva. El uso ofensivo de organismos vivientes (como el Bacillus anthracis, agente responsable del carbunco) es generalmente caracterizado como arma biológica, más que como arma química; los productos tóxicos producidos por organismos vivos (p. ej., toxinas como la toxina botulínica, ricina o saxitoxina) son considerados armas químicas. Según la Convención sobre Armas Químicas de 1993, se considera arma química a cualquier sustancia química tóxica, sin importar su origen, con la excepción de que sean utilizados con propósitos permitidos.
Las armas químicas están clasificadas como armas de destrucción masiva por las Organización de las Naciones Unidas y su producción y almacenamiento está proscrita por la ya mencionada convención de 1993.
Las armas químicas han sido usadas en muchas partes del mundo durante cientos de años pero la «moderna» guerra química comenzó durante la Primera Guerra Mundial, aunque el primer país de la historia en usar masivamente estas armas fue España en 1925 durante la guerra del Rif, empleando masivamente en sus ataques el gas mostaza, mediante proyectiles de artillería o bombardeos aéreos. Inicialmente sólo se usaban conocidos productos químicos comerciales y sus variantes. Esto incluía el cloro y el gas fosgeno. Los métodos de dispersión de estos agentes durante el combate eran relativamente poco precisos e ineficientes.
El primer país en utilizar las armas químicas durante esta contienda fue Francia con el empleo de granadas rellenas de gas lacrimógeno (bromuro de xililo) en agosto de 1914.
Posteriormente el Imperio alemán respondió perfeccionando la técnica, iniciando ya el uso a gran escala de gases letales por ambos bandos. En los comienzos simplemente se abría los recipientes de cloro a favor del viento y se dejaba que éste la transportara hasta las filas enemigas. Poco después, los franceses modificaron su munición de artillería para contener fosfágenos, un método mucho más efectivo que se convirtió en el principal método para emplear estas armas.
Desde el desarrollo de la moderna guerra química en la Primera Guerra Mundial, las naciones han investigado y desarrollado estas armas en cuatro campos principalmente: nuevos y más mortales agentes; métodos más eficientes de lanzar estos agentes hasta el objetivo (diseminación); defensas más efectivas contra las armas químicas; y medios más precisos para detectar los agentes químicos.
(Gas liberado por las armas químicas en la primera guerra mundial)

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